En el plural de las sexualidades pdf

Mucho más que documentos.

Reference to sexuality in the plural does not simply point to the diverse forms kwansei.info%/11_13_Review%pdf. Thomas. en el plural de las mujeres). • Sentir que se merece la pena (que se es digno de ser querido, de ser querida). • Saberse ÚNICO y PECULIAR (Ni mejor, ni peor. Descargue como PDF, TXT o lea en línea desde Scribd plural de la sexualidad, las sexualidades, las culturas sexuales lo permiten.

Apesar de vivermos numa sociedade reconhecidamente plural, sabemos que a diferença ainda se encontra no centro das polêmicas abarcando as instituições. EDUCACIÓN SOBRE SEXUALIDAD PARA NIÑOS Y ADOLESCENTES .. El óvulo es la célula reproductora femenina (el plural es «óvulos»). • El saco contiene [El folleto se puede bajar de kwansei.info​SHpdf]. EN EL PLURAL DE LAS SEXUALIDADESATENDER, EDUCAR Y PRESTAR APOYOS A LA SEXUALIDAD DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD.

Y SEGURIDAD SOCIAL. UNIÓN EUROPEA. FONDO DE ASILO,. MIGRACIÓN E. INTEGRACIÓN. Por una Europa plural. UNIÓN EUROPEA. FONDO DE ASILO. Reference to sexuality in the plural does not simply point to the diverse forms kwansei.info%/11_13_Review%pdf. Thomas. EN EL PLURAL DE LAS SEXUALIDADESATENDER, EDUCAR Y PRESTAR APOYOS A LA SEXUALIDAD DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD.






Introduccin Resurgir es volver a surgir. Y, por tanto, es surgir de nuevo. Para resurgir se necesita que lo que resurge haya estado previamente oculto, enterrado.

Y, en este sentido, resurgir es resucitar. Emerger de las tinieblas que impiden la visin. Que obstaculiza la mirada sobre sexualidades preexistente. Y, adems, implica que lo que nuevamente surge, lo novedoso, lo hace con fuerza creciente. Es el caso de la Antropologa las la Sexualidad Antes de este resurgir, el registro de la sexualidad en Antropologa se constitua como silencio o, en menor medida, como la descarga involuntaria e incontrolable del impulso biolgico en cultura.

El resurgir de la Antropologa de la Sexualidad transforma la situacin; viene dado fundamentalmente por lneas de pensamiento propias de la construccin sociocultural de la sexualidad. Lo que equivale a decir del desprendimiento de la interpretacin biolgica de la sexualidad en cultura; de la sexualidad bioculturalmente entendida. Las numerosas aportaciones, en los dos ltimos decenios, de la antropologa a la sexualidad, en comparacin con la postura abstencionista antropolgica de dcadas precedentes, estn marcadas por el construccionismo social y cultural.

Esto no indica que la antropologa en conjunto sea sexualmente construccionista. Contribuciones antropolgicas de la sexualidad en las que el hecho sexual est determinado, sexualidades mayor o menor intensidad, por la biologa, siguen publicndose. Es ms, posiblemente, la construccin sociocultural de la sexualidad, al propiciar inters por el estudio del hecho sexual, rompiendo silencios clamorosos o aportaciones espordicas, ha supuesto tambin el aumento de las publicaciones en que la base biolgica sexual da forma y contenido a la sexualidad vanse algunos ejemplos: Bolin y Whelehan, ; Fisher, ; Frayser, ; Gregersen, ; Suggs y Miracle, f; Symons, Este captulo y el libro como tal expondrn exclusivamente como la sexualidad se forja en sociedad y en cultura: el pensamiento construccionista y su crtica a la aproximacin biolgica, que en Antropologa se presenta en forma biocultural.

Aspectos importantes que han resaltado los antroplogos construccionistas han consistido en mostrar las relaciones que existen entre los significados, que dan los sistemas culturales y sociales a la sexualidad, y el poder del sistema, fundamentalmente poltico y econmico. De lo que se infiere, por un lado, una perspectiva menos neutra, natural y objetiva pura ficcin o falsedad interesada del poderde la organizacin sexual.

Y, por otro, una perspectiva ms politizada e inter subjetiva de esa misma organizacin de la sexualidad Parker y Easton. Oir aportacin importante de la antropologa construccionista ha sido el estudio del impacto de la industrializacin, modernizacin, occidentalizacin y globalizacin de la sexualidad, en pases del Sureste asitico, africanos, caribeos y latinoamericanos Manderson, Bennetty Sheldrake, Y, de la misma forma relevante, la antropologa construccionista de 2.

Siendo de gran inters todas estas aportaciones de la Antropologa para la comprensin de las actividad sexual y de las culturas sexuales, lo que une a todas ellas, por encima pdf los distintos objetivos de estudio y de las diferencias enfatizadoras que las separan, es su posicionamiento no esencialista. El desvanecimiento biolgico de sus pticas y teoras sobre la sexualidad. Justamente, por su trascendental importancia, para la comprensin e interpretacin de la sexualidad, se incidir a continuacin en el proceso que va del desvanecimiento gradual de la biologa, al nfasis en la organizacin social y cultural.

El paso de la biologa a la cultura, a mi juicio, es el sostn en que reposan las columnas de la nueva sexualidad. El resurgimiento de pdf antropologa de la sexualidad Para Lindenbaum, en un artculo introductorioque da entrada a contribuciones de distintos antroplogos Leavitt, Jane y Peter Schneider, Tuzin, Vaneeel hecho en s del resurgimiento antropolgico sexual est cargado de gran significado.

Pudiera decirse que es paradigmtico. Porque para Lindenbaum, la antropologa redescubre el sexo. En efecto, su artculo lleva por ttulo Anthropology rediscovers sex La Antropologa redescubre el sexo. La autora manifiesta claramente que, salvo excepciones Mary Douglas, Gilbert Herd y Thomas Gregorlos antroplogos se han mostrado desapegados, remisos, apaados del simbolismo corporal y del estudio de la sexualidad.

As, desinteresados por la investigacin de plural conductas sexuales, de la expresin de la sexualidad y de sus significados en distintos contextos sociales plural histricos, los antroplogos poco pueden hacer para formalizar teoras acerca del desarrollo de la sexualidad y de la identidad de gnero. Es en los ochenta del siglo pasado y, en gran medida, debido a la aparicin y posterior evolucin del SIDA, cuando la antropologa retorna con inters la sexualidad.

Vaneeantroploga de la Universidad de Columbia, Nueva York, y directora, en las con Brummelhuis, del programa Sexaality, Culture and Society, de la Universidad de Amsterdam que a travs de su Instituto de Verano celebrar en su sptima reunin internacionalpropicia, reafirma y profundiza la afirmacin de Lindenbaum. Para Vanee tambin la antropologa redescubre la sexualidad.

Pdf Antropologa redescubre la sexualidad. Que Lindenbaum use el trmino sexo y Vanee, en su lugar, use el vocablo sexualidad, no implica gran cosa, el fondo de la cuestin permanece inalterado. La Antropologa retoma con inters el estudio de la sexualidad, despus de un largusimo lapso de tiempo.

Desde la muerte del padre de la Antropologa de la Sexualidad, Malinowski, hasta el ltimo tercio del siglo XX, la sexualidad para la Antropologa se sita en el silencio o en la periferia ms plural de la disciplina.

La Antropologa Social y Cultural, para Vanee, a partir de y, con mayor sexualidades, desdedistancindose de posturas deterministas y esencialistas propias de la biomedicina, adopta interpretaciones innovadoras de la sexualidad. Las innovaciones consisten en la formulacin de ideas y principios, previamente no contemplados, que enmarcan la sexualidad desde la perspectiva terica de la construccin social. En otras palabras, la Antropologa se aparta del modelo biomdico de sexualidad. Vanee opone la construccin social de!

Sexualidades modelo imperante en Antropologa desde apudiera decirse que representa la versin antropolgica del modelo biomdico de sexualidad.

Y aunque el componente cultural plural aleja del modelo biomdico, el esencialismo biolgico del modelo de influjo cultural impide ese alejamiento. De modo que biologa y cultura operan contradictoriamente.

En el modelo de influjo cultural la cultura frecuentemente queda desdibujada, constreida o determinada por la biologa. De manera que las diferencias culturales y la diversidad sexual quedan anuladas o registradas en un segundo plano. Ya que la sexualidad resulta inseparable de la biologa, es inherente a ella, la pdf es el smbolo intil, como la ganga de los minerales, que 3.

Y, as, la sexualidad, como adherencia biolgica, queda cegada para la antropologa y, al igual que para las medicina, se inscribe en contenidos a los que se da proyeccin y alcance transcultural. Objetivos imposibles de sostener, como desmiente la prctica etnogrfica. Lo ms significativo del salto del modelo de influjo cultural, sexualidades modelo de construccin social y cultural de sexualidad, se sustancia, en dos grandes apartados. Primero, el salto de la biologa a la cultura, a la hora de interpretar la sexualidad circunscrita por la realidad social.

Segundo, el salto de la universalidad comprensiva de la sexualidad a la comprensin particularizada de la misma. Lo primero, a su vez, lleva en sy envuelve una nueva presentacin de los distintos aspectos de la sexualidad. Las que se culturaliza la biologa y, en consecuencia, no se biologiza la cultura. Lo segundo permite dar mayor relevancia a la particularidad cultural de sociedades muy concretas.

Que se refleja en estudios etnogrficos especficos, en detrimento de la universalizacin genrica las quimrica de las grandes teorizaciones. Actuando, as, como teologas cientficas.

Adems de priorizar lo concreto particular, frente a lo genrico universal, el modelo de construccin social y cultural sita la comprensin de la sexualidad con precisin temporal, en tanto que en el modelo de influjo cultural, puede decirse que, el factor tiempo queda abstrado, al no establecerse, desde la perspectiva temporal, diferencias sociales y culturales.

Ya qued apuntada mi reflexin en distintos escritos Nieto, ; ; ; ; sobre esa especie de erial terico de la sexualidad, favorecido sexualidades una antropologa, que al estar preada de omisiones y orillamientos, silenciaba, ignoraba o marginaba todo acontecer sexual. En concreto, a esa postura antropolgica en que en sus propuestas la sexualidad resulta invisible, est soterrada y no forma parte de la vida, la llam erotofbica.

Al vislumbrar sexual antropolgico en que tmidamente se empiezan a plural apreciaciones de distintos aspectos de la sexualidad y sus las, pero que, sin embargo, la reproduccin sigue considerndose como centro nuclear, la denomin erotoliminal. Umbral que conducira ms adelante a la crotofilia: el registro etnogrfico de la diversidad sexual. Ese periodo de erotoliminalidad se caracteriza por dos rasgos fundamentales, que hacen del mismo un perodo de transicin, aunque duradero en el tiempo.

Los rasgos que lo distinguen apuntan en direcciones opuestas. Una, encerrada en s misma, arrastrada por la inercia de una sexualidad, que se caracteriza por las ausencias y abstenciones tericas y etnogrficas, en comparacin a otras lneas de desarrollo antropolgico. Otra, mostrando brotes, que, aunque empapados de biologa, anticipan el inters antropolgico por el estudio de la sexualidad y la eclosin de sus significados en distintos contextos sociales: la sexualidad del sujeto en sociedad y en cultura; la sexualidad desprovista del determinismo esencialista que la oprime y reduce.

La primera sigue incidiendo en proyecciones de erotolbbia. La segunda empieza a las signos culturales que pueden interpretarse en clave de iniciacin a la erotofilia. La erotoliminalidad supone para la antropologa imbricarse en un juego de tensiones que permiten, pdf un lado, la ocultacin las, por otro, la manifestacin. Ocultan: los escritos etnogrficos y antropolgicos que ignoran y silencian, por no ser acadmicamente correcta, la sexualidad.

Manifiestan: los mismos escritos que en sus pginas, aunque titubeantemente, hacen emerger la sexualidad. El titubeo de la produccin antropolgica sexuai lleva la firma de profesionales de la pdf a los que, desde el poder acadmico, se da poco o nulo reconocimiento, siendo, de hecho, unos proscritos. Por pdf razones. Primera, las publicaciones de los artculos se hacen en revistas que no reflejan el sentir institucional de la Antropologa.

La revista American Anthropologist, rgano central de expresin de la American Antliropological Association no muestra gran inters por publicar artculos sobre sexualidad.

Las publicaciones aparecen, pues, en revistas que pueden ser consideradas secundarias, cuando no marginales y perifricas a la antropologa. Segunda, no se publican revistas antropolgicas de sexualidad. Sexualilies, revista dedicada al anlisis sociocultural de la sexualidad se publica, por primera vez, en Previamente, ense inici la publicacin de una revista, Journal sexualidades Hintory ofSexuality, de contenidos sexuales marcados, claramente, desde la historia social y cultural.

Finalmente, en los captulos de libros sobre sexualidad la participacin 4. Los antroplogos acompaan, a manera de adorno, a bilogos, psiclogos, psiquiatras y otros especialistas mdicos. Plural estos escritos los psiclogos, principalmente, pero tambin otros profesionales de la biomedicina, acogen, pues, a los antroplogos. Y, en consecuencia, la Psicologa y, en menor medida, otras disciplinas a la Antropologa. Por ejemplo, sobrepasado el aocomo vimos, emblemtico para Vanee, el psiclogo Frank A.

Beach publica Pdf Sexuality in four Perspectves La sexualidad humanan en cuatro perspectivas. En este libro deBeach, como editor, invita a un antroplogo, William H. Davenport, a contribuir con un captulo Sex in Cross-Cullural Perspeclive.

El mismo antroplogo contribuye, encon otro captulo, An Anthropological Approach, en el libro Theory of Human Sexualiy Teora de la sexualidad humanaeditado en esta ocasin por los psiclogos James H. Geer y Wilam T. En otras palabras, siguiendo la tradicin iniciada un siglo atrs, estos ejemplos evidencian que, en buena parte, las plural y, en mayor medida, las investigaciones sobre sexualidad tienen lugar en el seno de las diversas especialidades de las ciencias psicolgicas, mdicas y biolgicas.

Ciencias que, por muy rigurosos que sean sus planteamientos biologistas, lo que no se pone en duda, ignoran plural sus fundamentos de partida, que la sexualidad humana, a diferencia de la sexualidad de las ratas de laboratorio, se ensambla y adquiere significacin por medio de los lenguajes, smbolos y discursos sociales. Esto es as porque no se concibe sociedad alguna exenta de sexualidad; ni tampoco sta fuera de aqulla donde por cierto las interpretaciones biolgicas tambin se concitan. Sexualidades los postulados plural decirse que los conceptos de sexualidad y sociedad, si no son intercambiables, corren y se expresan en paralelo.

En pdf, la incorporacin de los antroplogos, como consortes de los psiclogos, representa algo parecido a la servidumbre y al canon sexualidades la Antropologa debe pagar a la Psicologa, al haber abandonado aqulla el estudio de las conductas sexuales Tuzin Antropolgicamente entendidas, todas las culturas instituyen, con el fin de modelar la organizacin social, procesos polticos formales e informales que troquelan el alcance de lo permitido y, por ende, el mbito de lo que no se acopla a lo pautado; la diversidad.

De ah que lo pautado sea lo hegemnico. Los indicadores de las restricciones sexuales, como se sabe, son muy variables, en los distintos momentos histricos y en las distintas culturas. Segn la sociedad, las tipologas de la pluralidad sexual, de la diversidad, se aceptarn, proscribirn o se declararn ilegales. En materia de sexualidad, pues, el discurso de la diversidad se encarna en directrices polticas y sociales, que no constituyen pruebas cientficas irrefutables.

En las respuestas que siguen, a medida que el artculo progresa, va quedando cada vez ms claro que la variedad, a la que alude Kluckhohn, est impregnada de tintes culturales y la biologa parece tornarse en algo ms impenetrable.

Como cuando dice p. O cuando, refirindose a conductas sexuales, seala p. Quiero entender que en estas apreciaciones, que Kluckhohn extiende sobre el largo transcurrir de la historia del ser humano, la cultura, en sus mltiples formas, envuelve a la biologa, como se desprende de la primera de las formulaciones.

Pero tambin parece que la opacidad eubre la transparencia y la biologa se apodera de la cultura, como sucede en la segunda formulacin. Quiere culluralizar la biologa, pero sta, a veces, se le impone como remora, como lastre indescargable.

En realidad, el autor se muestra hermtico y ambivalente. Cierta ambivalencia se nota tambin en las palabras de Kluckhohn, al indicar la forma o formas en que la antropologa puede relacionarse con el informe Kinsey.

Primero, se nos dice que la sexualidad, para la antropologa, queda desdibujada, al no investigar conductas sexuales. Y, adems, los datos no se presentan sistemticamente p. Ka pregunta de rigor es cmo se puede presentar sistemticamente lo que no ha sido objeto de investigacin previo?

Luego, se nos seala, ms consecuentemente, que, as, la sexualidad que recoge la literatura antropolgica es incomparablemente ms pobre que la registrada por Kinsey y colaboradores en el informe, del que los antroplogos pueden aprender y beneficiarse.

Salvo el estudio comparativo sobre la reproduccin humana de Ford , que Kluckhohn califica de excelente, no hay produccin antropolgica de nivel equivalente. Adems, las publicaciones antropolgicas sobre sexualidad de finales del siglo XIX y principios del XX son de nulo inters cientfico y de mencin pornogrfica. La vida sexual de los salvajes es una descripcin moderadamente satisfactoria, pero no ofrece los mnimos datos para establecer estadsticas y frecuencias de la expresin de las conductas sexuales.

Una mejor calificacin parece tener el escrito de Devereux sobre la homosexualidad institucionalizada de los mohave. Y, con l, los escritos, tambin referidos a la homosexualidad, de Westermarck y, sorprendentemente, los de un antroplogo de expresin no inglesa y, por aadidura, nunca citado por el grueso de la profesin: Requena. A pesar de reconocer que los escritos de Roheim proporcionan informacin de inters para comprender la vida sexual, su informacin no abunda en cifras y, en conjunto, no salen muy bien evaluados, por entender que su aproximacin psicoanaltica es muy sesgada.

Con este tipo de formulaciones, las preguntas que hay que hacer a Kluckhohn son qu pretende de la Antropologa de la Sexualidad?

Trastocar la descripcin cualitativa que caracteriza a la Antropologa, por una aproximacin cuantitativa que recoja cifras, estadsticas y frecuencias sexuales, como parece desprenderse de su reflexin? Sustentar su versin de que los relatos antropolgicos del XIX se inclinan hacia la pornografa, por no anticiparse a la lnea seguida por Kinsey?

Finalmente, la ambivalencia se manifiesta cuando hace uso de porcentajes, con el fin de establecer una aproximacin cuantitativa que le permita recurrir a hacer comparaciones, sobre actitudes y conductas sexuales de los navaho, estudiados por l y por Leighton Leighton y Kluckhohn, , con el informe Kinsey.

Al forzar de esta manera los principios antropolgicos de descripcin cualitativa, lo que consigue es un acercamiento cuantitativista al hecho sexual o, por utilizar sus propias palabras, una aproximacin taxonmica de los navaho.

Que de tacto resulta ficticio, por razones diversas: bsicamente relacionadas con conductas sexuales y conductas culturales. De forma que la informacin disponible de algunas conductas sexuales, que el mismo Kluckhohn expone p. Por ejemplo, se refiere cuantitativamente a las tcnicas utilizadas en la masturbacin y en el coito, y al tiempo que se requiere en varones y en mujeres para alcanzar el orgasmo y a las fantasas empleadas para la excitacin sexual. Adems, sin que haya reflejo de descripcin alguna, ios contextos culturales de los navaho y norteamericanos dan interpretaciones distintas a las mismas prcticas y, consecuentemente, conducen a significados distintos, que resultan por ello incomparables.

Por mucho que se 9. Forzar los hechos, como entiendo que hace Kluckhohn, para acomodarse a una comparacin que resulta ilusoria, es incurrir en posturas ambivalentes. Sobre todo, cuando por encima de las tcnicas y los mtodos cuantitativos de otras disciplinas, se sigue confiando en las tcnicas y los mtodos tradicional mente cualitativos de la Antropologa aunque a veces parezca lo contrario.

Y, adicin al mente, cuando se piensa que los significados de las conductas sexuales, producto de una difcilmente cuidadosa observacin antropolgica, permiten unir difusamente , como queda dicho, biologa y cultura. Las conexiones biolgicas-culturales se ordenan, segn Kluckhohn, por medio de la Antropologa y redundan en puentes unitivos entre el sexo como fisiologa y el sexo corno un factor enmarcado por pautas conductuales integradoras p. Una formulacin clara de lo que es la sexualidad para la antropologa, la encontramos en Honigmann Honigmann critica el uso que los informes Kinsey hacen del material antropolgico, a la hora de establecer comparaciones con la realidad sexual norteamericana.

La crtica se cierne bsicamente en dos puntos. Por un lado, las comparaciones se hacen para demostrar la universalidad de ciertos patrones sexuales, sin que en ningn caso se tengan en cuenta las diferencias culturales de las sociedades que se comparan.

Por otro, a Honigmann le parece que los informes usan fuentes secundarias, de manera que la utilizacin es excesivamente receptiva, no crtica. As, por ejemplo, las referencias a Crawley y Westermarck. Dado que la aproximacin antropolgica al objeto de estudio est alejada del cuantitativismo adoptado por Kinsey y colaboradores y que las etnografas sobre sexualidad son escasas, se puede concluir, segn Honigmann, que la prctica norteamericana relacionada con la masturbacin, con el coito marital y con el coito fuera del matrimonio, as como los contactos homosexuales y los contactos sexuales con animales : 14 no son probablemente ni ms ni menos frecuentes que los que presentan otras sociedades.

En otras palabras, con las comparaciones usadas por Kinsey se nos dice poco. No llevan a ningn lugar, se nos hace desplazar etnogrficamente para permanecer en el mismo sitio. Por otra parte, las predicciones desarrolladas en el escrito de Honigmann, sealan la posibilidad de que algn da y de alguna forma, las conductas sexuales, gracias a las aportaciones venideras de la Antropologa Cultural, puedan ser generalizables.

En definitiva, se distancia de los informes Kinsey, por ignorar la cultura, en general, y las diferencias culturales, en particular. Tambin rechaza los criterios de universalizacin que de los informes se desprenden, pero lo hace para acercarse a esa misma presentacin universal de conductas sexuales, basndose en aspectos estrictamente culturales.

Llega, en suma, a un mismo objetivo, por otra va: la de las leyes de una cultura sexual que refleja conductas universales. El hecho de que el inters antropolgico, como en las ciencias naturales y, ms precisamente, en las biorndicas, se centre en la bsqueda de patrones universales, conduce a Honigmann a un dilema no resuelto, especie de callejn sin salida.

Para l. Por el contrario, el antroplogo trata de proponer criterios de validez transcultural. Sin embargo, dadas las limitadas contribuciones de las investigaciones antropolgicas al desarrollo del conocimiento de la sexualidad, el establecimiento de patrones universales, se hace en la prctica imposible. Honigmann es muy consciente de ello, lo que, sin embargo, no le impide adoptar criterios de formulacin por anticipatorios que fueranuniversal.

La escasez etnogrfica-descriptiva sobre sexualidad es la que obliga a Honigmann a mostrar un pobre elenco antropolgico de referencias bibliogrficas: Pedrals, Malinowski y Ford y Beach. De Pedrals autor, por cierto, difcilmente encontrable en las referencias posteriores de los Mejor calificacin le merecen las obras Patterns of Sexual Behavior versin espaola: Conducta sexual, Fontanella, que Ford y Beach este ltimo profesor de psicologa, no antroplogo publican en y A Comparative Study of Human Reproduction de Ford Estudio comparativo de la Reproduccin humana , publicada en , porque permiten hacer algunas generalizaciones de carcter universal.

Cabe preguntarse si el hecho de que los antroplogos, en aqul entonces, empezaran a acompaar a psiclogos y psiquiatras, a hacer predicciones universales, se debe, en parte, a Honigmann. Este antroplogo, con decisin, siguiendo postulados de la llamada teora de cultura y personalidad vase Honigmann: intenta hacer ms alcanzables los objetivos de universalizacin de conductas. Sorprende, no obstante, que Honigmann se decante por la va de pagar tributo antropolgico, por ese acompaamiento en su recorrido a la Psicologa, cuando sta, al formular sus generalizaciones sobre las conductas sexuales, apenas se distancia de los conocimientos de sexualidad que se tienen en la sociedad norteamericana.

Lo que, por lo dems, reconoce el propio Honigmann, aunque sea en un difcil juego de prestaciones y equivalencias, que en la prctica le hace incurrir en contradiccin. Instituir el establecimiento de comparaciones de base sexual, hacindolas emerger de patrones de comportamiento norteamericano, para, a travs de ellos, realizar la proyeccin de pautas y patrones sexuales de otras culturas, y, as, llegar a la universalizacin del hecho sexual, no dejaba de ser un empeo inalcanzable en la poca.

No slo por las dificultades comparativas, al no brindar la Antropologa suficientes etnografas sexuales, sino tambin por dificultades de tipo conceptual. Si se nos dice, por ejemplo p. Para comparar, adems de tener elementos de referencia que permitan la comparacin, es decir, etnografas sexuales, se requiere que aquello que se compara sea de base uniforme. De lo contrario, los elementos comparables, al diferir y, a pesar de ello, uniformarse, chiman.

Resultan incomparables conceptualrneme. Cmo se puede expandir la idea de los sistemas de educacin formalizada a culturas que carecen de ellos? Con quines se comparan las mujeres norteamericanas de educacin elevada? Con las trobriandesas, en cuya sociedad estaba ausente la escolarizacin? Con las mujeres de alto nivel social que reeiben educacin por va de iransmisin oral, de las distintas etnias grafas africanas, estudiadas por Pcdrals?

Y los orgasmos de esas mismas mujeres norteamericanas, con los orgasmos de las mujeres que han sufrido la ablacin sexual y padecido el hecho de que sus dtoris fueran extirpados y sus vaginas infibuladas? Slo es posible de una nica forma, por medio de ficticias comparaciones que intentan posibilitar la proyeccin universal. Esencial izando transculturalmente el discurso.

Sin embargo, el hecho de que lo formulado con anticipacin no se cumpliera no resta un pice de valor a unas proyecciones que se realizaron con seriedad, rigor y valenta. Otra cosa es que, aos ms tarde a las formulaciones de Honigmann, se llegara a conclusiones no vislumbradas en sus escritos, como es el caso de tener que admitir que no slo las conductas sexuales, sino tambin las propias ciencias que entienden la sexualidad, la Psicologa y la Antropologa, sin ir ms lejos, estn condicionadas histrica y cultural mente.

Y, adems, los significados que se dan a las conductas sexuales, lejos de obviar al individuo, constituyen a ste en actor representativo de sus actos en sociedad. En las negadas actividades corporales del individuo, que le transforman Que cobran, junto al hecho de entender la sexualidad como un acontecer enmarcado y ajustado a estructuras sociales particulares y concretas, gran relevancia en el modelo de referencia que fomenta el construccionismo social.

El tercer caso a sealar es el de Trager Una vez ms se parte de la base de que cualquier antroplogo que quiera investigar sobre sexualidad, en general, o, ms concretamente, sobre la sexualidad de una cultura determinada, se enfrenta a la ausencia de informacin y a la renuencia y aversin de las instituciones acadmicas a ese tipo de estudios.

Y, esto, de forma sistemtica. En palabras del autor p. Para llenar ese vaco sistemtico, Trager recurre a una metfora lingstica. Partiendo del acuerdo generalizado de que e lingista, una vez encontrados los sistemas fonolgicos y morfolgicos, puede pronunciarse acerca de la semiologa de la lengua, decide su aplicacin a la sexualidad.

Cmo lo hace? Estableciendo una gua metodolgica que le permite analizar culturalmente la sexualidad. As, segn Trager, siguiendo los pasos sealados por la gua, el antroplogo podr ordenar y presentar un material consistente y sistemtico p. Adems, la actitud metodolgica comparativa adopta la flexibilidad suficiente como para que los resultados sexuales a obtener refieran a una misma cultura o a culturas diferentes.

Las maneras de alcanzar el objetivo tambin es transparente. Incluso, pudiera decirse que fcil: por medio de tres niveles, que Trager llama procesos. Un primer nivel, lo sita en el contexto cultural; un segundo nivel, queda establecido en el contenido del sistema cultural; y un tercero y ltimo, en el funcionamiento de ese mismo sistema.

Estos tres niveles ayudan a desentraar las pautas culturales de la sexualidad por medio de un anlisis procesual. Una subdivisin posterior permite que los niveles o procesos, una vez analizados, den lugar a la ordenacin de las distintas actividades sexuales, que quedan enmarcadas en reas y constituyen un total de nueve.

Trager las llama focos culturales y establece nombres especficos y concretos para cada una de ellas. El proceso de fragmentar lo ya fragmentado y subdi-vidir lo ya subdividido no se detiene en los teos. Los nueve focos culturales se ramifican en veintisiete mbitos culturales y, en ese desgajamiemo continuo, los mbitos culturales se transforman en ochenta y un sistemas culturales Con el fin de ejemplificar de forma concreta lo anteriormente expuesto y tambin de manera que sirva de gua metodolgica a otros antroplogos, Trager muestra p.

Concretamente el que llama bisexualidad. Entendindose por tal no el concepto que hoy se tiene de ella, sino los rasgos fsicos del dimorfismo sexual, que diferencian de manera convencional y limitada al varn de la mujer. Este es, en sntesis, el esquema de anlisis cultural del sexo de Trager. La reiterada incidencia de Trager a referencias culturalistas, no conduce, sin embargo, la sexualidad a un umbral cultural.

A un marco de cultura, como pudiera parecer en un principio. En consecuencia, lleva a engao. Porque tanto los procesos culturales de los distintos niveles de contexto, de contenido y de funcionamiento, como los llamados focos culturales, mbitos culturales y sistemas culturales, no tienen la relevancia que indican las continuas subdivisiones. Las ramificaciones culturales que se nos muestran, crean, a medida que se extienden, la falsa sensacin de ser generadoras de una acumulacin muy rica en matices, que nacen del fondo de la organizacin social.

No es as. El sustrato de la ramificacin cultural de una organizacin social dada, para Trager, no tiene fondo cultural. Sus bases estn firmemente encerradas en la naturaleza biolgica del ser humano p.

El biologismo de Trager es mucho ms radical, con diferencia, que el de Honigmann y el de Kluckhohn. Su determinismo biologista, hace que la cultura de la sexualidad, a pesar de que parezca lo contrario, tenga una presencia real Que est determinada, hasta tal punto, por la biologa, que sta haga de aqulla una mera referencia encerrada en puntos ciegos de expresividad y diversi dad sexual.

Trager, adems, aade, para dar ms solidez a su reflexin terica, que la biologizacin de la cultura de la sexualidad se sustenta no slo en su proposicin. La mayor parte de los antroplogos de la poca siguen la misma idea. Y en esto, con las diferencias de nfasis pertinentes, por supuesto, lleva razn.

Es, pues, en la biologa, no en la cultura, donde se encuentra la esencia de la sexualidad. Que en Trager se configura fundamentalmente porque el ser humano, ante todo, es un mamfero con presencia sexualmente dimrfica. Es el mamfero de dos sexos lo que le conduce a formular la bisexualidad como foco. Y ms, como epicentro de la cultura.

Porque las manifestaciones culturales, cualesquiera que sean ellas, y la sexualidad, como expresin de la actividad cultural no es excepcin, estn basadas y predeterminadas biolgicamente. Sus fundamentos, dice Trager, radican en la naturaleza biolgica y neurolgica del ser humano y, por extensin, en la naturaleza del universo fsico. Y refirindose de forma precisa a los dos sexos de ese universo, diferenciados biolgicamente, apuntala su visin de la sexualidad del varn y de la mujer, cuando afirma que la actividad cultural de las actitudes y conductas sexuales, hay que deducir de sus palabras de ambos, emerge de esos cimientos fsicos y fisiolgicos que procuran y modelan su existencia.

Menos radical, en cuanto a posicionamientos interpretativos de la sexualidad, es la reflexin terica de La Barre La inclinacin biologista de este autor es menos firme que la de Trager. Reconoce y da crdito a unas bases primarias biolgicas pero no se identifica con la sobredeterminacin biolgica que resalta los instintos.

Lo instintivo, especie de impulso irrefrenable del ser humano, est sobredimensionado por la biologa. Expresamente, la representacin biolgica de tal cuo, para La Barre, es una tentacin que llama p. Y para un humanista, como el mismo se define, no es de recibo. En una serie de subdivisiones, que recuerda el estilo de Trager, la sexualidad del ser humano, para La Barre, puede taxonomizarse en al menos diez niveles, que se renen en tres grupos.

En concreto, hay una sexualidad primaria, otra secundaria y, finalmente, una sexualidad terciaria o de tercer grado. En este orden de presentacin, de grados o de importancia , resulta obvio decir que la sexualidad primaria es la sexualidad bsica, la de mayor relevancia, la que da forma y consistencia a las dems.

Pues bien, esa sexualidad primaria y bsica tiene distintos componentes. Cuatro, en total, pero todos ellos estrictamente enfundados en la biologa o en la morfologa anatmica de ella derivada. Los componentes son: el sexo celular o cromosmico, el sexo gonadal, el sexo genital externo y las estructuras de reproduccin accesorias internas, refirindose, el autor, en concreto, al tero y la prstata.

As, la sexualidad primaria, en s misma, constituye una representacin fuertemente biologizada, que predeterminar la representacin cultural del individuo en sociedad. La configuracin anatmica de la sexualidad primaria evoluciona con los aos, dando lugar a lo que La Barre llama sexualidad secundaria. La sexualidad primaria en su evolucin posibilita la emergencia de la sexualidad secundaria. Que no es ms que la aparicin en la adolescencia de los rasgos corporales de la diferenciacin masculina y femenina.

Hombros anchos del varn, frente a caderas anchas de la mujer y todo lo dems: distribucin corporal de la grasa, del vello, estatura etc. En este nivel o tipo de sexualidad, que pudiramos llamar transicional, la biologa se somete a un ligero y superficial contraste cultural. Si los rasgos biolgicos-anatmicos individuales no se ajustan al estereotipo cultural por ejemplo, un hombre excesivamente bajo o una mujer excesivamente alta, al no representar la estatura que el entorno cultural de la sociedad espera de ellos, aunque stos tengan una sexualidad completamente normal p.

Lo que La Barre no explica es por qu la biologa y, por extensin, la sexualidad primaria y secundaria, son productoras de diversidad. Especialmente cuando el estereotipo biolgico de dimorfismo sexual, la configuracin biolgica de los dos sexos diferenciados es rota por la propia biologa. Adems, La Barre indica como la cultura, por medio de sus variantes, hace que los mismos rasgos de configuracin anatmico-biolgica tengan distintas lecturas en distintas sociedades.

Lo hace recurriendo al ejemplo tpico de la obesidad de las mujeres valorada en Turqua y rechazada en Estados Unidos. Y, como contraste, lo compara con la delgadez de la mujer norteamericana valorada en Estados Unidos y devaluada en Turqua. La Barre no se Y tampoco la alta estima de la delgadez de las actuales mujeres turcas ms occidentalizadas. En la llamada sexualidad terciaria es donde La Barre se inclina por dar ms peso a la cultura.

Por medio de la asignacin de sexo, del rol de gnero y de la orientacin de gnero. Producindose, as, que las diferencias culturales de masculinidad y feminidad sean significativas. Hasta el punto de que el estereotipo cultural de lo masculino y lo femenino se resquebraja al someterse a comparacin intercultural.

Las normas culturales de una sociedad, al compararse con otra sociedad, que tambin instituye sus propias normas culturales de regulacin, muestran como las conductas que para ella son signos de expresin sexual, dejan de serlo para la otra.

Cuando los bereberes se pasean con las manos entrelazadas, dice La Barre, no es una muestra de inclinacin sexual, es un signo de amistad. Y continua diciendo, el beso sagrado, boca a boca, que, tiempo atrs, los hombres de los Apalaches se daban dentro de la iglesia, antes de iniciar el culto de la manipulacin de serpientes, tampoco tiene significacin sexual.

Ms an, las normas culturales de las conductas sexuales, para unas sociedades; y con significacin distinta, amistosa o de cualquier entidad no sexual, para otras , al compararse, permiten, a La Barre, extrapolarlas, a una misma cultura. Pasa, as, de la comparacin intercultural a la comparacin intracultural.

El factor que introduce aqu, para permitir la comparacin, es el factor tiempo. Y, con ello, nos quiere proporcionar la posibilidad de contemplar los cambios histricos de expresin sexual.

Esta afirmacin, junto a las diferencias interculturales de la sexualidad, podran hacer de La Barre un construccionista social avant la lettre. Un adelantado de la teora de la construccin social de la sexualidad. Pero es difcil la homologacin en ese sentido porque, aparte del sentido biolgico de algunas de sus ideas, a travs de los ejemplos que utiliza se obtiene la impresin que el nfasis impuesto en el factor tiempo se desvanece.

Cuando dice p. Lo que realmente compara son las pautas sexuales de unos pocos y, en concreto, Luis XIV, con las pautas sexuales silenciadas de la inmensa mayora de los ciudadanos de la poca. As, desdicindose de la intencin, el factor tiempo es un factor de referencia a una poca, ms que un factor temporal comparativo, referenciado a distintas pocas.

En suma, el posicionamiento de La Barre le hace situarse entre dos extremos. En uno sita la sobredimensin biolgica de la sexualidad; en el otro, la sobredimensin cultural, propia de los antroplogos culturales, pronos a los excesos relativistas. Esto para nuestro antroplogo es un caos. Aquello, una certeza en forma de dogma. Alejndose de dogmatismos biolgicos y de caticos relativismos culturales, aboga por un humanismo interpretativo de la sexualidad. Y, as, como humanista, seala p.

Haciendo hincapi en las diferencias, no en la diversidad. Reconceptualizar la sexualidad desde la antropologa Hemos visto, en el epgrafe precedente, como la aproximacin biolgica de la sexualidad, no resultaba incompatible con la aproximacin cultural, propia de la Antropologa de esa denominacin. Es ms, no slo no era incompatible, sino que, al ser las bases biolgicas el fundamento de la sexualidad, la biologa jugaba un papel predominante y hegemnico.

Biologa y cultura convergan desequilibradamente. As, la interpretacin de la sexualidad, por muchas capas superpuestas de variantes culturales que tuviera, en ltima instancia, vena dada en clave biolgica. La superposicin cultural asentada en los cimientos de la biologa, produca, a travs de los escritos antropolgicos apuntados con anterioridad, la impresin de estar contemplndose la imbricacin de un todo consistente y compacto.

Sin embargo, la consistencia de ese todo, de dos polos, biolgico y cultural, resultaba engaoso. No exista de hecho tal bipolaridad. Su existencia hubiera requerido que biologa y cultura tuvieran un mismo Lejos de esa nivelacin que conduce a la consideracin de las dos partes como iguales, la biologa se comportaba con propiedades demirgicas y la antropologa adoptaba caractersticas bioflicas; es decir, de biofilia, de amor a la biologa.

La vida en sociedad, lejos de interpretarse con patrones de culturofilia, estaba inyectada, aunque resultara contradictorio, de cultura biologizada. Se trataba, pues, de sociedades bifilas; la vida en sociedad estaba resuelta por la biologa.

Porque, en puridad, la programacin de la biologa, al adentrarse en la organizacin social y determinar la cultura, se transformaba en ideologa y actuaba en forma de milenarismo cientfico. Aunque, paradjicamente y sin pretenderlo, la biologa se reconverta a s misma en cultura.

A manera de ejemplo, esa bipolaridad desmedida y desmentida, nos recuerda algo parecido a lo que sucede, a la bipolaridad de sexos y de gneros. Varones y mujeres y roles masculinos y femeninos constituyen la representacin de un modelo bipolar. Modelo que no colma las aspiraciones y expectativas de las mujeres, al haber dado mayor peso hegemnico en sociedad a la proyeccin biolgica-cultural de los varones.

El modelo unitivo de la biologa y la cultura, como en el modelo de influjo cultural, es, pues, un modelo bipolar ficticio, cuya propensin terica se trunca y quiebra de continuo en la prctica societaria. La construccin social de la sexualidad surge del rechazo de esa imbricacin modlica entre biologa y cultura. Y de su imposibilidad prctica. La tenencia terica del modelo bipolar de la interpretacin de la sexualidad, sustentaba en sus races un hacer prctico de imposible cumplimiento.

Las prcticas culturales de la sexualidad desbordaban los lmites del modelo de base biologista. A las leyes de la naturaleza, propugnadas por el esencialismo biolgico del modelo, cabra aplicar lo que Martin Rees seala para el cosmos: la naturaleza en forma de leyes no es otra cosa que la proyeccin de reglamentos locales, presentes en la realidad como consecuencia del big bang. As, las leyes biolgicas, su normativa esencialista y su codificacin de la naturaleza en forma de proyeccin universal, quedan anilladas por las sociedades y por las expresiones culturales de la sexualidad, que en ellas se concitan y producen.

Son las culturas las que posibilitan o entorpecen la naturaleza biolgica de la sexualidad. A medida que las interpretaciones hundan sus races en la biologa, el modelo se haca ms ininteligible desde la cultura. Haba una fisin de ese supuesto todo biolgicocultural. Biologa y cultura resultaban divergentes o, al menos, no convergan. La cultura no pareca confirmar los principios unlversalizantes de la biologa. Ms an, los transgreda. Por ello, el modelo bipolar deja de tener sentido para el construccionismo social de la sexualidad.

Adems, el par de opuestos, desnivelado en trminos de hegemona, que representa, por un lado, el esencialismo y universalismo biolgico, y, por otro, las variantes del relativismo cultural, se desvanece en los escritos de los construccionistas sociales de la sexualidad. De todo ello se desprende que para los construccionistas sociales comprender la sexualidad significa transformarla de sentido.

Pasar de un sentido de interpretacin biolgica, a un sentido de interpretacin socioantropolgica. La sexualidad, como el trabajo y el ocio, como la gastronoma y las composiciones musicales, y, en general, como todo lo que acaece en sociedad, forma parte de un repertorio que surge como producto del quehacer polivalente humano. Este es el sentido que daba Rubin a la sexualidad, cuando en un artculo, considerado como pionero y seminal en el mbito del construccionismo social antropolgico, seala que la sexualidad biolgica en sociedad deja de ser tal, transformndose en sexualidad activamente humana.

Artculo equiparable, en lo que refiere a anticipacin, al de Me Intosh , en relacin a la identidad y los roles de los homosexuales en sociedad; lo que, como se sabe, supuso el inicio de la transformacin interpretativa de significados de la homosexualidad.

Adems en estos nuevos lindes construccionistas de interpretacin de la sexualidad, la reproduccin deja de ser destino nico. La sexualidad ya no es equiparable a reproduccin. La reproduccin como objetivo del coito penevaginal, como ncleo duro del acto sexual, se transforma en opcin a elegir, y, en consecuencia, su universalizacin se erradica.

Con lo que se favorece la supresin de las diferencias convencionales de gnero, en el sentido de que la reproduccin de la mujer, como fin inexcusable a alcanzar, deja de constituirse como el gran diferenciador respecto al hombre. Por extensin, los actos sexuales, con independencia de su Tienen que pasar por la significacin del tamiz cultural. Y, adems, apartndose de ideas biolgicamente preconcebidas y asumidas como inalterables, se descargan de etnocentrismos, reductores de la diversidad sexual y dejan de ser parmetros omniabarcantes.

El contraste de significados que ofrecen las distintas sociedades y las culturas que las forman, en el construccionismo social se resaltan. De realidades sociales diferentes no se puede asumir que los actos sexuales que las configuran puedan tener el mismo significado, pudiendo extraer de ellos una sola lectura. Lafellatio de los sambia no tiene el mismo registro cultural para la sociedad aludida que el que viene dado por las culturas occidentales.

Sus significados difieren. Las sociedades regulan la sexualidad. El significado de las conductas sexuales es resultado de la organizacin social.

El semen que un adolescente sambia traga, por medio de lafellatio, le sirve para crecer, masculinizarse y hacerse adulto. As lo concibe y regula la sociedad sambia vase artculo de Herdt, en este libro.

Nada que ver con la concepcin de lafellatio en las sociedades occidentales. Ms an, para un esencialista, la ingesta de semen de un nio sambia, estara ms prxima a la biologa, que a la cultura. Sera una etapa de crecimiento del varn, una hormona que ayuda a masculinizarse. Claro que esto es una apreciacin esencialista, hecha por alguien que no lo es. Una ficcin que sirve para ilustrar como lafellatio es alterable en significados. Es su contenido cultural, no el biolgico, lo que le confiere significado y diversidad.

Idear lafellatio, es idearla so-cialmente. La sexualidad en conjunto es ideada socialmente. Las culturas dan forma y contenido a las conductas, a las experiencias y a los actos sexuales en sociedad. Las culturas articulan, vertebran, codifican y perfilan las prcticas sexuales de sus ciudadanos. Enmarcan, etiquetan y regulan la vida sexual. En la cultura radica el marco que posibilita establecer esquemas de anlisis sexual. Por esta razn, hoy, el esquema del anlisis cultural del sexo de Trager sera redundante, casi constituira un pleonasmo.

Porque si se parte de un. Enmarcar la sexualidad culturalmente, por lo dems, significa expandir su concepto y comprensin. Porque el concepto cultural de normal, no sometido al imperativo y preprogramacin de lo biolgico, tambin se expande. La muestra plural de la sexualidad, las sexualidades, las culturas sexuales lo permiten.

Y no slo eso. Tambin permiten establecer criterios interpretativos de la sexualidad, que arrancan de raz los patrones etnocentristas. De hecho, la construccin social y cultural de la sexualidad proporciona herramientas de interpretacin que horadan conceptualizaciones que quisieran ser fijas y estables.

As, se pasa de la perversidad sexual, a la diversidad sexual. De la hipocresa de la doble moral, al reconocimiento de lo plural. Un nuevo diapasn afina la sexualidad. Por otro lado, la sexualidad al expandirse comprensivamente, al pluralizarse y diversificarse culturalmente, resalta no slo conductas y prcticas mltiples, sino que tambin las corporaliza.

Las da cuerpo. Pasa de la presentacin conductual, a la concrecin corporal. Materializa, en carne, proyecciones y tendencias, hechos y conductas. Encarna los cuerpos; y en su hacer les da vida. Les hace centro de sus observaciones. Y en la observacin, observadores y observados devienen inseparables, para dar sentido a la relacin que se establece entre ellos. Y ulteriormente, para dar sentido a los actos que se observan, analizan e interpretan. Se incorporan los cuerpos a la cultura de la sexualidad.

Y, adems, la sexualidad de los cuerpos se agranda. Ya no se trata slo la genitalidad corporal; la genitalizacin de las conductas deja de ser nicho excluyente. El hecho genital, como configuracin central y exclusiva de la sexualidad, impide la comprensin de la expresin y manifestacin de otros nichos erticos del cuerpo. Adems de que el hecho genital, al actuar exclusivamente como mediador de la reproduccin, limitaba lo plural de la expresin sexual de los cuerpos. As la expansin de la sexualidad, al observar, en concreto, los cuerpos, hace de stos una pasin polimorfa.

Porque a la mayor dimensin ertica de los cuerpos, a la fsica corporal en su totalidad, hay que aadir sentimientos, fantasas y sensaciones. Potencindose, pues, otras vas de comprensin de lo corporal. No interesan slo los actos sexuales en s mismos, tambin interesan los sentimientos que subyacen en la accin. De la misma forma, las conductas sexuales, como puntos a observar, se acompaan de otras expresiones difcilmente observables, pero de igual inters, Finalmente, las funciones corporales y lo que significan para los poseedores de los cuerpos que las propician y dirigen se entienden tambin en relacin a las sensaciones que procuran.

La dualidad cartesiana mente-cuerpo se diluye. Se infiere, de todo lo anterior, que hay una transmutacin de intereses. La construccin social y cultural de la sexualidad trastoca lo singular genital, para reconvertirlo en plural corporal. Y, as, el protagonismo de los cuerpos conduce al protagonismo de los individuos, de los actores sociales. Y al significado de sus acciones.

Al significado que los individuos confieren a sus conductas, a su quehacer sociosexual. En otras palabras, ya no se concibe que los discursos sobre sexualidad sean en su significacin exclusivamente culturales.

A los discursos debe incorporarse la significacin subjetiva. Los individuos, como actores sociales, no se sujetan al guin cultural parasitariamente, como lapas humanas. Antes al contrario, tambin hay en ellos capacidad innovadora. Que les permite crear, disentir y diferenciar.

Enjuiciar, valorar y dar sentido y significado diferenciado a conductas y prcticas fsicamente idnticas y similares. Que les lleva a la evaluacin cultural de los actos sexuales; a la interpretacin de la valoracin que una cultura dada haga de las prcticas sexuales, permitiendo unas, impulsando otras y prohibiendo las dems.

De esta forma, a la lectura interpretativa que el individuo confiera a los significados culturales de la sexualidad, se debe integrar la lectura que los individuos hagan de sus actos.

Habindose pasado de una innovacin subjetiva titubeante en los primeros momentos del construccionismo social, a la ms reciente disidencia individual formulada por la teora queer.

Vemos, pues, que, a manera de cadena de transformacin, los significados de la expresin sexual han pasado de tener una plasticidad biolgica, a tener una plasticidad cultural.

Y sin abandonar esa representacin cultural han alcanzado una plasticidad corporal subjetiva. Los mismos actos, pues, tienen significaciones distintas segn los sujetos que las interpreten: bilogos, antroplogos culturalistas-biologicistas, antroplogos socialconstruccionistas.

Y tambin los simples actores sociales. En este sentido, el transgnero y las formas en que los transgeneristas conciben la transexualidad constituyen puntos esclarecedores de la afirmacin aludida vase artculo de Boln, en este libro; Nieto, y Y, en general, conviene resaltar las palabras de Castro y Castro 25 , al referirse al libro de Marina, El rompecabezas de la sexualidad, y su Gran Proyecto tico de la sexualidad: Nos parecera ms valioso y sensato cualquier intento de reflexin sobre la antropologa de la sexualidad y su relacin con la filognesis de una razn humana anegada de valores, que un Gran Proyecto tico que, llevado por una exaltacin digna de mejor causa, pretende sentar las bases de una metatica de la felicidad sexual.

No hay sexualidad expresiva que se ajuste antropolgicamente a un universo sin fracturas, a una Gran Teora sin contrastacin etnogrfica, a una interpretacin desprovista de diversidad. Antropolgicamente, la sexualidad no necesita devenir orquesta, siempre lo fue. Otra cosa es que su interpretacin se hiciera con un solo instrumento. Precisamente, las crticas del feminismo y de los escritos gays y lsbicos a la sexualidad hegemnica, la heterosexualidad, fueron puntales firmes que facilitaron el surgimiento del construccionismo social.

Los escritos feministas pro sexo, entre otras informaciones, nos muestran como las mujeres desestabilizan la interpretacin del coito penevaginal. Los grupos feministas de discusin de sexualidad de los setenta, permiten entender como el coito, para la mujer, deja de ser un deber marital y el orgasmo mltiple clitoridiano pasa a ser un objetivo a alcanzar.

Procediendo as, el axioma cientfico de la pasividad sexual de la mujer se disuelve. De igual forma, las feministas pro sexo nos advierten como el control de nacimientos desliga la sexualidad de la reproduccin vase Vanee, y Por otro lado, los escritos gays y lsbicos tambin desvinculan la sexualidad de la reproduccin. Igualmente, separan las conductas homosexuales de la identidad gay: las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo no deben confundirse con la identidad vanse los trabajos de Tan y Weston en este libro; Parker y Gagnon, La construccin social de la sexualidad no implica ni espera que sus arquitectos construyan todos de la misma forma.

Partiendo de un mismo paradigma, el anlisis y la interpretacin social y cultural de la sexualidad, la construccin sociocultural se diversifica, a Todos ellos relacionados con la significacin y relevancia que alcanza la cultura.

A saber: la cultura como transformacin de la biologa, la cultura como entidad interpretativa predominante y la cultura como determinante explicativo de la sexualidad. En primer lugar, la cultura como transformacin de la biologa implica que es aqulla y no sta la que explica la sexualidad y sus actos. De hecho, se trata de una inversin del modelo de influjo cultural.

En este dar la vuelta a lo observado e interpretado, las bases de sustentacin biolgica dejan de tener la relevancia que previa mente se les atribua. Por muy biolgicamente predeterminado que est el deseo sexual, su carta de naturaleza no es ley. La transformacin prctica del deseo no es fija, tampoco estable. El producto de esa transformacin, es decir, el deseo en accin, es cultural y plural. El fijismo biolgico de los deseos se transforma por medio de los actores sociales.

Que convierten los deseos sexuales de la naturaleza en actos sexuales de la cultura. El individuo y sus conductas sociales instituyen el sentido de la sexualidad, al tiempo que la proveen de significado. En segundo lugar, la cultura como entidad interpretativa predominante de la sexualidad requiere de mltiples formas de sustentacin y apoyo.

La sexualidad parte, pues, de bases que no se estrechan o encierran en el fijismo biolgico. La transformacin biolgica en cultura tambin se da en este apartado, pero con una addenda, matiz importante a tener en cuenta. El deseo sexual no viene dado en trminos de fijacin.

No es fijo, ni consustancial dadas sus manifestaciones variasal sujeto. Y mucho menos a sus experiencias sexuales, que le configuran como actor social de las mismas. Pudiera decirse, incluso, que hay pluralidad de deseos sexuales. Diversidad de la expresin biolgica de los deseos. La intersexualidad o, mejor dicho, las intersexualidades son un ejemplo muy apropiado. La pluralidad intersexual que registra la biologa es evidente.

Como transforman sus deseos en sociedad los intersexuales viene delimitado por la flexibilidad del modelo cultural de la sociedad que habiten. La orientacin sexual de los intersexuales, partiendo de biologas alteradas y, por tanto, no fijas, se multiplican en sociedad por medio de las experiencias subjetivas.

Finalmente, la cultura como determinante explicativo de la sexualidad implica, como postura interpretativa ms extrema, la negacin del deseo sexual biolgico. Aqu se produce, lo que pudiera entenderse en algunos construccionistas sociales, la liberacin corporal del yugo biolgico. La expresin del deseo sexual y de sus mltiples facetas se confiere en exclusiva al cuerpo cultural. El cuerpo, como tal, lo es en tanto que reside en la cultura. Y en su versin ms determinista pertenece a esa misma cultura.

Como las culturas no son fijas ni estables en el tiempo, tampoco lo son los cuerpos que las forman. La historia y los individuos se encargan de transformarlos, proporcionando lecturas divergentes de actos sexuales idnticos, similares o parecidos.

En las historias culturales de las sociedades y en la intencin individual, no en las anatomas y fisiologas corporales, radican las races comprensivas e interpretativas de los deseos sexuales. El deseo sexual, como impulso biolgico no sometido a nada ni a nadie, campeando en sociedad sin lmite alguno, sin fuerzas culturales que lo restrinjan, pierde su esencialismo, cuando se da a la cultura predominio exclusivo para interpretar la sexualidad.

De hecho, determinndola. Estos tres grandes itinerarios, a pesar de sus diferencias interpretativas de la sexualidad, tienen un mismo denominador comn: la discontinuidad o, si se quiere, la deconstruccin de las contribuciones antropolgicas sexuales que les precedieron. Puesto que, como ya qued dicho, cualquier interpretacin de la sexualidad, en un momento dado, y el construccionismo social no es excepcin, parte de un cuerpo de pensamiento precedente.

Es decir, de prismas interpretativos de la realidad sexual, formulados, unas veces, expresa y explcitamente, y, otras, de forma tcita e implcita. Y, como la doble moral, los prismas de interpretacin tienen cuando menos un doble rasero expresivo.

Unas veces se expresan con claridad y contundencia; otras estn pseudoformulados y tienen que inferirse. El antroplogo que por tradicin investigaba las sociedades exticas, tambin parta de esos prismas de interpretacin que estaban enraizados en su sociedad de origen. Ese mismo antroplogo si quiere investigar la sexualidad extica de las sociedades no occidentales, se encuentra tambin ante dos ideas preconcebidas, en forma de premisas, La primera parte del supuesto de que la sexualidad est determinada biolgicamente.

De forma que le hace situarse ante un dilema. La sexualidad por su determinacin biolgica no es asunto de su competencia profesional, su estudio pertenece a las ciencias biomdicas. O, en el caso de rechazar este planteamiento e interesarse por su estudio, el antroplogo debe asumir el criterio biolgico determinante de la sexualidad que repercutir, obviamente, con firmeza en la investigacin cultural a llevar a efecto.

Camino seguido por el modelo de influjo cultural. La segunda premisa parte de la idea preconcebida de que la sexualidad no debe ser objeto de estudio, no sera serio.

El dilema, como se ha visto, se resuelve durante muchos aos no investigando apenas la sexualidad; con el silencio de la Antropologa ante el hecho sexual. As, el antroplogo convencional, de las dos opciones posibles que tiene ante s, la continuidad o la discontinuidad del cuerpo de pensamiento que le precede, decide optar por la primera. Por el contrario, el antroplogo que sigue directrices de la construccin social y cultural de la sexualidad opta por la discontinuidad y, si se quiere, ruptura de ese mismo cuerpo de pensamiento, de las ideas-cuerpo precedentes.

Discontinuidad manifiesta, en trminos de inters por el estudio de la sexualidad y su diversidad y por el abandono de la biologa como herramienta de interpretacin sexual.

Acaso sea esta ruptura personal del antroplogo social-construccionista, su rechazo a seguir predicamentos acadmicos previamente instituidos, lo que le ha hecho observar e interpretar las conductas sexuales de forma discontinua, sin entidad fija. O viceversa. Causa o efecto, lo que aqu intento resaltar es el hecho de que una de las principales crticas al construccionismo sociocultural de la sexualidad, formuladas por los esencialistas, es que los construccionistas ven discontinuidad de conductas e identidades por todas partes.

A lo que habra que responder que la percepcin est en el ojo del que mira, como se dice a la hora de centrar lo que constituye pornografa. Miradas, pues, diferentes, para unos y para otros, para esencialistas y construccionistas.

Para estos, no slo lo observado, tambin la observacin y el observador de la sexualidad se sitan histrica y culturalmente. Consecuencia de esa situacin, antes del construccionismo, los esencialistas no necesitaban definirse como tales y consiguientemente tampoco necesitaban de etiquetas de identificacin. No exista oposicin construccionista.

Todo investigador de sexualidad, independientemente de su especificidad profesional, era esencialista, sin necesidad de autodenominacin alguna. No se requera, pues, presentacin. Con el construccionismo social y los construccionistas surge la denominacin y la presentacin en la sociedad cientfica del esencialismo y los esencialistas. Estos, incluidos los antroplogos que siguen parmetros del modelo de influjo cultural, en su insuperable determinismo, no admiten, sin embargo, que se les denomin con esa etiqueta.

Y, en este sentido, tambin abogan por la continuidad. Esta postura si antes resultaba comprensible, ahora lo resulta todava ms, dado que la globalizacinde la gentica, como causa final que explica todo lo que sucede en sociedad, se ha superado a s misma en el ltimo decenio. Es en esa imperiosa globalizacin de antes, y mucho ms de ahora, que incide insistentemente en argumentos explicativos que se sustentan en el esencialismo, en la que se basa el rechazo de la etiqueta.

Y la que hace que el nmero de cientficos que se autodenominen esencialistas sea muy reducido, nfimo. Al fin y al cabo, el esencialismo, como la heterosexualidad, se presenta en trminos de asuncin y, como tal, se asume y se da por descontado y seguro. En consecuencia, el autorreconocimiento identitario no procede. Las cosas que se dan por seguro no necesitan demostrarse.

Por lo mismo, son muchas las tradiciones acadmicas que todava hacen de la sexualidad odos sordos vase Weston, Sexualidad y trabajo de campo Terica es la causa, prctica la consecuencia. Si la biologa es el sustrato bsico de la sexualidad, el antroplogo de influjo cultural toma el concepto acrticamente, como una constante. De l parte y con l se va a realizar su trabajo de campo.

Reacio a admitir que la constancia intelectiva de la sexualidad como parmetro, y, por tanto, no sometida a contingencia alguna, es una fantasa. Un supuesto que no necesita de la constatacin emprica, inviolable en sus principios. Para Simn, a quien el construccionismo social debe muchas ideas, es una pura ilusin.

En un contexto, como el presente, en que la rapidez de los cambios sociales se suceden con velocidad de vrtigo, entender la sexualidad como entidad biofsica y From such a diverse context it follows that outside interventions in support of this movement and its struggle, can never be neutral and will always impact the internal dynamics between these different social movement actors. In this essay I will try to give an overview of how the involvement of external actors has impacted the internal constellation of the Peruvian TLGB movement.

I will compare the impact of the interventions of these specific agencies with the effects of the involvement of solidarity-organizations and activist networks. Through the dominant development discourse, the cultural, economical and political hegemony of the North over the Global South is being maintained, which poses serious limits for emancipation struggles which critically approach these international power relations.

Several case studies show how private aid agencies working with the paradigm of development have reproduced these unequal power relations. Questioning hetero-normative development. Conversations about non-normative sex and gender identities have been mainly absent in the mainstream of international development discourse. These scholars have showed that both traditional and contemporary development models rely upon hetero-normative discourses and practice.

This perhaps has been most obvious in the way that Third World women have been targeted in projects related to family planning and population control, implemented from the s to the mids. Similar assumptions about heterosexuality of Third World poor have guided development efforts to eradicate poor health, improve access to education and economic standards Adams and Pigg in Lind Different scholars have tried to explain the heteronormativity of mainstream development and several causes have been identified: First of all is has been indicated that the silence surrounding non-normative sexuality and gender identities stems from and is reproduced by stereotypes which claim that homosexuality is derived from the West and is therefore irrelevant to the lives and experiences of people in the Third Worlds countries see Reinfelder in Lind This argument is related to another explanation, namely that the marginalization and exclusion of non-normative sexual and gender people from mainstream development is related to a lack of recognition of and knowledge on the importance of sexual rights.

How exactly sexual rights and other human rights are intertwined has been further investigated and made explicit in November , when human rights experts from several parts of the world came together and codified existing human rights, based on international treaties and jurisprudence and translated these to sexual orientation and gender identity.

Although these principles are intended to become a universal guide to states and multilateral and bilateral human rights and development organizations, there is still little acknowledgement of the importance of these sexual rights, and the relation of sex, sexuality and gender identity to other fields of mainstream development in general.

Apart from a lack of recognition of and knowledge on sexual rights in development, additionally conservative forces in global North and South countries have been explicitly lobbying for the globalization of heteronormativity through development practice.

They have been left out of community organizations and projects because they do not fit into traditional norms of sexuality and gender. Institutionalized heterosexuality also contributes to homophobia and the violent repression of LGBT communities in Latin America and indeed throughout the world Lind and Share Additionally in these dominant, heteronormative development frameworks there is no room made available for recognizing the existence of people engaged in same-sex relationships, or for advocating for their participation and rights.

In this respect the challenge remains to address heterosexuality as a social institution within mainstream development frameworks, and to address the heterosexualization of development organizations and global institutions as they frame notions of intimacy and citizenship Lind Queering development It has been only recently that the theme of non-normative sexuality and gender identity has explicitly entered development discourse and practice.

Lind and Share 56 in Gozine 2, Wright , The AIDS epidemic may have forced open spaces for sexuality and gender diversity to gain greater prominence within the strategies of development agencies, however the specific ways in which these themes have been included has also been problematic on several levels. Given the higher risk for male-to-male transmission most attention goes to the so- called group of men who have sex with men MSM. Through these development frameworks, non normative sexuality and gender identity continues to be treated as a problem which needs to be contained rather an integral part of human experience, as a source of joy and pleasure as well as suffering and pain and an important arena to affirm rights see Gozine This has enabled TLGB NGOs and movements to work outside the framework of healthcare and elaborate a more integral approach to non normative sexuality and gender identity.

However also the human right approach of private aid agencies has been critiqued on several grounds. What Massad is exposing in his article then might be called a form of Pink Imperialism, actually connecting the critical theories on development with the ways in which Northern private aid agencies have been approaching the theme of sexuality in the Global South.

What I am concerned in the section that follow is an analyses of the different models of practicing LGBT solidarity that exist specifically in Dutch NGOs, solidarity organizations and action groups, and the power relation in which these different models relate to each other. Additionally I will try to analyse the impact of these different models on the internal dynamics of Peruvian LGBT activism. This approach stimulates us to critically approach the aspect of inherent power relations in development practice, where the Western dominated LGBT networks and donors might potentially depart from Western cultural norms in their international work.

Lastly, as has also been suggested by Lind, Massad also warns us that that homonormativity, like heteronormativity, is an issue at stake in the project of queering development Lind As we will come to see: they define their involvement with Peruvian LGBT movement referring to different concepts ranging from activist solidarity to relationships framed within a development discourse. As the different ways in which these organizations relate to Peruvian LGBT activism have different impacts on internal dynamics of the Peruvian LGBT movement, in the next section I will elaborate on the content of these different forms of relating.

On a global level several studies have documented the decrease in the use of solidarity principles by Northern based donors. An important obstacle according to her is the low level of professionalization within the Dutch LGBT movement, but she also accuses the movement of arrogance. I fight my own struggle. There is something pure in it. It is direct, you are yourself the goal of your personal struggle. A solidarity movement starts in favor of the other.

Somewhere, someone is in such a difficult situation that we want to invest time, energy or money, to contribute to improve that situation. Additionally he warns that this substitution solidarity has often ended in substitutionism where this form of solidarity has leaded to development institutions actually acting and speaking for the other and therefore has permitted the reproduction of existing inequalities.

Waterman identifies six characteristics of solidarity which include identity, substitution, complementarity, reciprocity, affinity and restitution Each is needed if we are to move closer to international solidarity. However, each one taken in isolation can be problematic, reinforcing particularism or else not seriously engaging with the demands for thorough going social change. Waterman is particularly concerned that international solidarity will not be achieved purely out of a sense of moral duty but rather as the rational expression of shared interests Wilde ,, my emphasis.

Practicing solidarity in this sense seems to bypass the possibility of both parties being involved in fighting shared global structures of oppression that concern LGBTs in both parts of the world such as heterosexism, hetero-normativity, patriarchy, neo-liberalism, etc.

As such this definition of solidarity ends up establishing a vertical and one-dimensional relationship between LGBT development professionals in the North and LGBTs in the Global South, including a strong potential for victimization of the latter over the first. These question seems all the more relevant as there has been some criticism voiced from activists from the Global South concerning the work of Silvia Borren83 including accusations 82 Identity or identity creation is what often underlies socialist calls for international solidarity, usually in reference to oppressed and divided classes or categories in opposition to powerful and united oppressors capitalists, imperialists, etc.

Substitution, implies standing up, or in, for a weaker one. Complementarity suggests the provision of that which is missing, and therefore an exchange of different desired qualities, equally valued by the participants in the transaction.

Reciprocity suggests mutual interchange, care, protection and support. Affinity suggests mutual appreciation or attraction, and therefore a relationship of mutual respect and support, in which what is sought, appreciated or valued by each party is shared.

Restitution suggests the putting right of a past wrong, the recognition of historical responsibility, a solidarity with the past, a solidarity across time, rather than space Waterman But our core business is being a donor.

There are risks in our role as a donor: that we receive only socially desirable answers, that they tell us what they think we want to know. And development cooperation is a specific job. One can be gay, but you have to be able to do the job over there, make contacts, manage projects, negotiate with partners and potential partners. That is a different job. And that is something we do better and in which we have more experiences.

What is interesting about this quote is that, just as in the earlier cited article of Borren, a clear distinction is made between a national LGBT emancipation struggle and international LGBT solidarity. It suggests that the two require different sets of skills and commitments: whereas a 84 C. Since it has a federated structure consisting of 24 local associations. The local organizations focus on activities and advocacy within their region, the national directorate is amoung others involved in political lobby towards the government.

They also have an international department working in various Eastern European and Central Asian countries. In the work of HIVOS on international level possessing specific professional skills such as project management and administration is deemed especially important. Comparing this relationship with the different concepts of solidarity elaborated by Waterman, also HIVOS seems to be involved in substitution solidarity: standing up for the other by supplying funding. As we will see later on, this funding has been important on several levels to parts of the Peruvian LGBT movement.

However it is to question the limiting power relations this discourse of victimhood entails, potentially creating a position based on moral superiority at the donors side and victim mentalities at the receiving side.

And those are two different roles. And of course one has to acknowledge and respect expertise from the local context as well. However I think this is an important role for Schorer.

I do have colleagues who approach their role more from a donor role. Ofcourse we are also a donor. However they could be our consultants. One can learn from oneanother, and you could supplement eachother.

We are really different in that respect, because with Schorer we also offer content. And additionally for us North-South relationships are not the most important, we also try to really focus on facilitating South-South relationships. Therefore we go in search for organization we can finance and with whom we can establish a collaboration.

I think it is better that as an international organization you build up a certain expertise, and that we are asked by the organizations in the South to be hired as consultants. But then there are always these interests related to the money. And to handle those in an honest way is the real challenge for development cooperation. Because then you enter the field of supply and demand Funders who have to spend their funds have to establish first what the local needs are, who exactly are your counterparts and what do they need.

Just like HIVOS then Schorer seems to struggle with the unequal relationship which has its origin in the pressure to perform substitution solidarity. As such it highlights a relationship of competition in which these organizations relate to each other.

This relation of competition is in large part influenced by the way in which the funders themselves receive their grants. Both HIVOS and Schorer receive large parts of their income from governmental grants, which come with certain criteria. According to the criteria of Koenders the minister for development cooperation at the time, MvdB we have to work together in alliances.

And if the government wants to solve fragmentation of aid, this is of course the opposite of what one wants to reach. But it is what you get with this policy. One aspect concern the decision about in which geographical areas LGBT social movement organizations are supported. Regarding the content as well as regions. That is really left Latin America as a mortuary. According to these criteria we are not even allowed to work anymore in the region of Latin America with governmental money!

How can we not work in Latin America if the gay movement there is so vibrant! Also the amount of funding spend by the LGBT funders is influenced by the criteria of the governmental grants. Well go and spend That will just blow away the organizations there.

Also the sustainability of the relationship with the LGBT social movement organizations is influenced by the dependency on governmental grants.

And we ourselves are dependent on governmental money. So how can we guarantee sustainability with our partners? Apart from the obvious commitment of the funders with LGBT struggles in the Global South, this lack of internal discussion might also be related to other interests. As noted in several research publications private aid agencies involved in international development cooperation have become intertwined with the spirit of enterprises, and as such have mixed with several other interests, ranging from maintaining the jobs of the people working in the organizations to the goods and services provided by them see among others Dietz , Sogge , VandePitte This intimate relationship with the Dutch government also raises questions about ownership, accountability, representation and, in the end, legitimacy of the funders.

Additionally the intimacy with the Dutch state compromises the role for the private aid agencies as critics of the Dutch state. On an international level homonationalism has come to play an important role in a new modernizing and neo colonial project, re-establishing unequal North-South and West-East power relations see Puar We want to promote radical political and social change and see the activist groups and social movements we work with as the main protagonists not as the victims.

Also we recognize that we in the North have an important role in these changes too. Often structures of oppression are global, of course local situations differ, but in the end many forms of oppression are part of a global system, which we have to fight there and here at the same time. Therefore we support Dutch activist groups working on the same themes as the groups we support in the Global South.

Often we know the groups we fund from struggles in which we have participated in together. This interpretation of solidarity then goes beyond the substitution solidarity as defined by Waterman.

It additionally includes a solidarity of shared identity, where shared forms of oprresion are recognized. Affinity solidarity is also present as the relationship is identified as one of mutual respect and support.

Also certain forms of complementarity and reciprocity solidarity are practiced. The other mentioned funds are also involved in organizing international exchange of methodologies.

HIVOS even funded an activity of the activist group I was involved in, with their financial support we were able to invite several activists from Latin America to discuss organizing strategies and action repertoires with Dutch queer activists. This encounters greatly facilitates the exchange between activist organizations. At XminY there are also challenges in the reciprocal and complementarity part of the solidarity practiced.

First of all the exchange is not of a structural nature, with some funded groups there exists the possibility to discuss strategies after funding, with others this possibility never arises. Many of us do activism besides our jobs, after working hours and in the weekends. After funding for them it is also difficult to stay in touch, especially when they are new groups. Nevertheless on a personal level many activists involved in XminY have long standing relations with the activist groups they support, and indicate they are often formed by them.

In the social for a I attended, , when I worked and lived in Latin-America. I like to think of this relationship as an reverse form of development, where I learned a lot about political activism.

And I hope I brought something with me to the activist scene in the Netherlands. The dependency on individual donors however does limit the income of XminY, which makes them a relative small actor in supporting struggles worldwide in comparison to funders as HIVOS and Schorer.

Representatives of Peruvian LGBT organizations that received support from Dutch and other international private aid agencies voice several opinions about their experiences in international collaboration. But it is mostly restricted to the transfer of resources, especially money. Often there is little other interest from the donors part. They the donors have a large networks which might be useful to us, not only in Europe, but also in Latin-America.

The wish for more commitment seems to be even more present in the regions outside Lima. They supply the money and we do the projects. Which is a shame, because they come from countries with a rich history of LGBT activism, and we could learn from them. And perhaps they could also even learn from our reality. Here I think it is important to note that generally speaking one can say that the limits of substitution solidarity are being questioned by several Peruvian LGBT activists.

The mentioned quotes show that there exists an aspiration to go beyond the one dimensional relation substitution solidarity entails based on the donor-receiving relationship and expand it to a relation based on mutual appreciation of experiences in LGBT activism.

Also perhaps a relation including practices of reciprocity, where not only money is transferred, but there exists a sharing of non-monetary resources such as contacts, organizing methodologies and action repertoires in LGBT activism. As such the LGBT activist claim a more active and protagonist role in a more equal exchange with private aid agencies, which goes beyond the often victimizing images many donors portray of LGBTs in the Global South.

This basically means to take care not to promote models of organizing, as well as values and lifestyles, as universal and relevant for all LGBTs in the world. However I do want to elaborate on the use of certain identity categories by funders and how these have impacted Peruvian TLGB activism. That this is actually a reflection of actual social movement practice we will see later on in this essay.

Elaborating concepts to support non-conforming sexualities and gender identities in an international arena then is an important challenge. For example several activists from the regions outside Lima were asked to register their activist groups explicitly as an LGBT organization to be able to participate in encounters financed by international donor money. Therefore in my city we have made alliances with people who are not explicitly LGBT.

However if we send them to the workshops being offered in Chiclayo or Lima, we have problems because they want people who explicitly call themselves gay or lesbians. Additionally it shows how through international cooperation, certain identity categories are being used, excluding otherwise identified people from LGBT activism.

In several local contexts, such as the one mentioned by the Peruvian LGBT activist, it might be the case that openly assuming an non-normative sexual or gender identity might contain several risks, and as such might not be the best way to practice activism in favor of sexual and gender diversity.

In that sense these examples are a clear call to seriously reflect on historical and local contexts and the way in which the forms that public expressions of same sex desires and gender no-conformity must take are being proscribed. You also have women with HIV.

That there are different experiences regarding sexual and gender identities. Meanwhile in many of those societies this is not at all relevant…. But those are things you have to discover during the years.

Through research for example… In Africa for example we are now organizing a conference called African sexualities…. In this specific context, the category vulnerable population originated as a bio-medical category, referring to those groups of people which run an extra risk of being infected by the HIV virus.

Previous proposals explicitly targeting the TLGB population, in for example protective legislation, has always been systematically rejected by the state, which has revealed its homophobic character.

In short: the Peruvian state as a homophobic entity, has not been inclined to be involved in projects that specifically target the TLGB population.

Several lesbians groups have criticized the use of this category as a synonym for the TLGB community, criticizing the increasing invisibility of their political agenda and their marginalization in funding. Additionally they have denounced this increasing invisibility as a new setback in internal power balances in the movement as a whole, as the visibility of lesbians in the TLGB movement has always been problematic because of a traditional domination of gay identified people.

By making these dissident sexual categories invisible, the identity of vulnerable population is actually an apology to hetero-normativity in society and the state. Therefore this category weakens the visibility of the social-economical and political circumstances which causes the vulnerable position of this specific group in the first place.

It supposes a fragile, needy and defenseless group, incapable of altering their situation for the better, and who therefore can only be helped or saved by external actors. Private aid agencies and internal power relations. In this section I want to change the perspective from the effects of the incitement of discourse and conceptual categories, to the impact of the actual transfer of financing and resources by private aid agencies on the internal dynamics of the movement.

In the following section I will assess some of these implications: First of all, internal power relations are affected by the difficult access to international funding. This is among others related to the specific knowledge and skills which are required to successfully apply for funds.

Here it concerns for example being able to research applicable grants, writing formal funding requests using specific jargon, having an awareness of current trends in funding, and having personal relationships with professionals of the international funding organizations, etc. These specific knowledge and skills are concentrated in those TLGB organizations with a relatively high educated staff or with experienced activists.

Not all funders however have the same policy on this issue. This is also obvious in the Dutch context. But we also discussed the negative sides of such an approach. Those are often the groups that have a lot of energy and a nest of interesting ideas that can give a movement a boost. It would be ideal to be able to finance a umbrella organization, so that those small groups also get served with some capacity building, financing of their activities, and campaigns that are centrally organized, but locally implemented.

And those are stuff we just need. Additionally the preference for professional organizations also has a lot to do with internal dynamics of the funders themselves. That is a lot of work for our program officers. They, as professionals are not so happy with these grants because it is a lot of work to spend a relatively small amount of money. But if one is a donor it is important to work with strong organizations. And to stimulate the larger organizations to work with the small ones. This has to do with our political vision that profound social transformation is a bottom-up process.

Also I think that in these NGO like organizations where people work for a salary you mix politics with other interests, such as the preservation of their own job and stuff. There is a diversity in international funders regarding the criteria of professionalism.

The use of these criteria related to professionalism to access international funding has created power imbalances in the movement on several levels. Additionally, as access to good quality education is also related to economical resources, international funding has also influenced the power balance between TLGBs of different social classes: where ever more power and resources has become concentrated in organizations of TLGBs of middle and upper social classes at the expense of the visibility of TLGBs of lower social classes.

This additionally means that not only decision making but also compensation and quality of life at work are concentrated in the hands of people with graduate educations. Organizations and activists in the regions outside Lima have been involved in several projects funded by private aid agencies: participating in regional and national encounters, receiving financing for organizational development, receiving small funds for action material, etc.

These projects have been an important stimulus in the strengthening of TLGB organizations outside Lima and establishing personal and strategic bonds of solidarity. However these projects have often been designed by Lima-based organizations, and frequently without consultation of the involved groups. Additionally the funding that reached the TLGB organizations outside Lima, often has been channeled through the Lima-based organization.

Only recently private aid agencies have started to designate funding directly to the smaller grass-roots TLGB organizations outside Lima. These funds have reduced the dependency of these organizations on the Lima based TLGB NGOs, and at the same time stimulated discussions on the concentration of power in Lima.

Indeed granting funds directly to these organizations has given an impulse to a process of decentralization in the movement, and at the same time stimulated a process of regionalization. At the same time also in these regions funding has affected existing power relations, especially between the newly funded and non-funded collectives, which in some cases resulted in reproducing the centralist dynamics that exist on national level.

The tendency to fund Lima based organizations is also a consequence of tight time schedules of the professionals of private aid agencies when visiting the country in search for possible counterparts. It very complicated.

It means we have to travel, and then as a program officer you have to be gone for days. Imagine you have 5 days for Peru.

Then you can visit organizations in 5 days with 2 to 3 appointments a day. And those are thing we are ever more conscience and we have to see how we can organize that. Perhaps by not financing individual groups, but umbrella organizations.

Additionally many professionals of private aid agencies establish contacts with possible new counterparts on international encounters. This also contributes to the concentration of financing in organizations of highly educated activists, as it is specifically this select group that has access to the information on these encounters, and possesses the knowledge and skills to write applications for participation and proposals for traveling grants.

Financing by private aid organizations then has brought several advances to the struggle for sexual and gender diversity. Professionalization of certain sectors of the movement have been important in that process. At the same time this has lessened the visibility of especially those activists with low educational backgrounds and few activist experience, activists from low social classes and from the regions outside Lima.

This is especially problematic for those who hold self- termination as a goal of emancipation struggles and who believe that people struggling under specific forms of oppression posses unique understandings of the operations of that oppression that are not necessarily shared with others.

This schism is among others related to a dispute over representation. Although the movement itself had an important role in this reorientation of the agenda, the ways in which this health problem has specifically being dealt with has been influenced by international funding organizations.

Henry Armas : a reorientation of the movement agenda which by some critical activists have been called the condomization of the movement. According to the website also gay emancipation is an important concept. LGBT rights, they are an integral part of our human rights program.

Therefore it is necessary that there is special attention for gay or LGBT people and groups in those countries. It also shows that we focus on the individual side of this, on stigmatization. And to have free choices, access to information, free association.

It also makes clear that the personal is political. Access to these funds has enabled TLGB organizations to work with sexual and gender diversity beyond the issue of healthcare. It has given an important impulse in the struggle for LGBT rights, which has been of outmost important as a framework offering legal protection to LGBTs.

As was described in chapter 2, many Peruvian LGBT social movement organizations have been putting pressure on the national, departmental and municipal governments organizations to implement protective legislation with quite some success.

Although an increase in protective legislation is an important advancement it is also important to reflect on the limitations of an LGBT right based approach. Private aid agencies focusing on sexual and gender diversity from a human rights perspective tend to prefer to finance projects directed towards policy and legal reform.

This has stimulated several TLGB organizations to change their perspective from grassroots organizing and effecting a cultural change in society, to organizing and implementing lobbying campaigns focused on policy and legal reforms. This change in political agenda has also had an impact on the action strategies used by various sections of the movement: Focusing on policy and legal reforms supposes establishing ties with several state entities.

A strong focus on the state 90 This became especially apparent at a manifestation at the Ministry of Health. The manifestation was organized because the Ministry withdraw their logo from a spot on human rights for trans sex workers. This example shows that certain sections of the TLGB movement have been actually coopted by the state, and limiting the potential for dissent. To a certain extend this has also happened in Peru, where in most remote departments several protective legislation has been successfully adopted, however less energy and funding has been invested locally in the construction of autonomous organizational structures to monitor the implementation of these laws.

By including these activist the Global Fund established access to their activist experience and social networks. Several of these community delegates were respected activists, active in local TLGB grassroots groups from all over the country. The inclusion of these activists in the structures of the Global Fund, has often had a negative effect on their local TLGB groups, seriously debilitating them, and some of them even have completely seized to function.

These dynamics have also been noted by other private aid agencies working with HIV. The Schorer representative for example states: It is such a big problem, the government or the Global Fund, they just buy the activists. And they leave their own organizations. And they get a job in which they are paid three time more as before.

I understand ofcourse, if your mother is sick, or father or you have children, or few other possibilities, it give a certain amount of status, possibilities for a career. And they get the credits, and not their organizations. While they have been formed by their organizations. Additionally these funds operate in the field of these activist organizations.

So they should construe alternative parallel structures, they should work together with the organizations which have already been active, not incorporating their activists in parallel structures.

Specifically it concerns the use of short term funding cycles often years and the focus on producing deliverables that has meant that TLGB nonprofits have been encouraged to operate on short term vision rather than to build long- term sustainable structures. Base building work that involves less tangible returns like the growth of shared political analyses, within a community or relationship building is undervalued.

As such, forms of sustained grassroots social movement that do not rely on the material assets and institutionalized legitimacy of private aid agencies have become largely unimaginable by many activists. Esto le debe pasar a todo autor. Taking an historical perspective it reflects on the attitude of the different national governments towards the organization of civil society, and on the inclusion and permissiveness towards LGBT politics and mobilization.

It also shows that in spite of these limitations the TLGB movement has made important advances, taking advantage of the political openings, and at the same time putting pressure on the political system to open up and to include demands from the movement. Although the State for a long time have been structurally trying to silence and criminalize the existence of non-normative sexuality and gender, TLGB organizations among others have been able to put sexual and gender diversity on the national, regional and local political agenda, opening the space for political debates on sexual and gender diversity on the highest political levels and creating protective legislation on the level of decentralized governments.

Since the founding of the first LGBT organizations there have been international contacts with TLGB organizations, donors and solidarity networks beyond the national borders. The essay specifically analyses the influence some of these alliances have had on internal dynamics of the movement. The essay shows that collaboration with international private aid agencies has contributed to important advances in the struggle and development of several LGBT organizations on a variety of levels.

However at the same time it exposes that in some cases development discourse and policy in fact have been elaborated from a heteronormative perspectives and as such poses limits for liberating views and practices on sexuality and gender diversity in Peru. An analyses of actual funding logics of some of these private aid agencies reveals how the transfer of finances influences internal power relations as well as the construction of political agenda s and action strategies.

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